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domingo, 20 de diciembre de 2009

La guitarra del Juanjo



Estos tiempos adelantan que es una barbaridad. Sí, en cuanto acabe de escribir esto y dé a la tecla enter del ordenador o PC, a elegir por el consumidor, estará en Trujillo, habrá hecho un viaje de 900 kilómetros Vilassar (BCN)-Trujillo en fracciones de segundos, no sé cuántos, pero tampoco me voy a poner a contarlos.
Lo que desgraciadamente no cambia nunca, es la realidad de una frase que decía mi padre y que yo me apropié hace muchos años: “Cada día que amanece, el número de tontos crece”, a la que me permití añadir una frase de cosecha propia como coletilla “Y los que ya había permanecen”, y esto es así, per secula seculorum; es un valor en alza, la estulticia.
Viene esto a cuento, porque yo, aunque vivo felizmente autoexiliado a voluntad en el litoral mediterráneo (me fui cuando vi la que se le venía encima a mi querido terruño), cada mañana una de la primeras cosas que hago es ojear la edición digital del diario Hoy uno de los dos mejores diarios de tirada regional de Extremadura, la otra cosa que hago es en el baño y no quiero extenderme en detalles.
Hace unas semanas, me desayuné con la noticia de que había aparecido el castillo de Trujillo con pintadas, debajo de la patrona, con una letra feísima y con un mensaje sin mensaje, “Haz el amor y no la guerra”. Es evidente que si el o los que han pintado eso hicieran el amor, lo último que se les ocurriría es ponerse a pintar monas; una persona bien follada no hace esas cosas. Esto me pareció a mí más bien obra de resentidos, con o sin causa, que para serlo no es imprescindible tenerla.
Se lo enseñé a un amigo que casualmente sabía algo de grafología y me dijo que eso es obra de alguien con problemas de afectividad, comunicación y de poco arte entre otras cosas.
Yo a mi hija le cuento cuando me pongo en plan abuelo Cebolleta que tuve un grupo musical que grabé un par de discos, e incluso que allá por el ochenta y cinco un día me bañé en pelotas en la playa de la concha, baño que pudo acabar en detención si no llega a ser porque en aquellos años corría que me las pelaba.
¿Qué le van a contar estas personas, por llamarlas de alguna manera, a sus hijos y nietos si es que llegan a tenerlos (que lo dudo) el día de mañana? ¡Yo fui el que destrozó un monumento de un montón de años! Seguro que no, porque, como todo el mundo, seguro que crecerán y se morirán de vergüenza.
En su descargo, si es que lo hubiere, tengo que decir que Trujillo tiene muy poca oferta para la diversión de los jóvenes, eso no deja dinero, a no ser que para ofrecer alternativas al solaz juvenil sano tenga que hacer obras la empresa constructora y restauradora Contubernios S.L.

En fin eso, que cada día que amanece el número de tontos crece y en Trujillo se favorece.

Saludos desde el Maresme.

Luismi Mateos, autoexiliado a voluntad.


artíclo patrocinado por la PITARRA DEL JUANJO

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